Y QUE ES... LA EDUCACIÓN?

Hablemos hoy de educación y de “un” buen hacer. Y digo “un” buen hacer y no “el” buen hacer, porque un buen hacer no atiende a normas estrictas, mientras que  “el” buen hacer solo es para algunos, y se encuentra  sujeto a leyes limitantes y condicionantes impuestas por organizaciones, gobiernos o personas movidos por intereses económicos y egoístas.

Ante un mismo hecho o situación hay innumerables maneras buenas de hacer, tantas como personas, de acciones y soluciones. De otra manera, se interfiere en el libre albedrío y a menudo coaccionan la propia libertad del individuo en incluso de plantear nuevas propuestas. Si educáramos en un sentido altruista de ayuda y amor a los demás, de participación y unidad colectiva sobrarían millones de leyes.

El ejemplo es individual, el de casa, el de las escuelas, el del civismo callejero, sin tantas reglas rígidas, normas o baremos limitantes, donde el simple hecho de ir al aseo depende de como despertó esa mañana el padre o el maestro.

Ya nuestra enseñanza y aprendizaje fue a través del miedo y las limitaciones, del bien y el mal, de lo que se podía y no se podía decir o pensar, de poner tapa a la caja de la imaginación. Hoy toca otra cosa, una educación basada   en valores, porque hoy sabemos que la nuestra no era la ideal y hay que amoldarse a los tiempos. En ocasiones pasamos al otro extremo promulgando el no esfuerzo y el egoísmo desmesurado fomentando la competitividad, no para el mejorar, sino para quedar por encima del otro. Hay que educar en valores donde la identidad personal y el “ser” estén por encima del engrandecimiento de una sociedad cargada de egos desmedidos, donde prime el desarrollo personal e individual con un enfoque colectivo y altruista.

Y hay que hablar de los conceptos de familia, de tenerse y tener para los demás, de compasión y amor al prójimo que comienza en familia, amigos y docentes. De cultivar la verdad. No valen ni medias verdades ni la omisión de la realidad. Tenemos que hacer, desde la convivencia, niños conscientes de la necesidad de cambio, de protagonizar ellos mismos el cambio. No solo del cambio educativo, sino del cambio de conceptos, de la manera de vivir y de cultivar un mundo sostenible.

Llamemos a las cosas por su nombre, como lo hace el maestro Pepe Mujica, presidente de Uruguay, ejemplo de honradez como gobernante. Pero digamos toda la verdad, nada es perfecto, por poner un ejemplo, también él habla de su país donde hay 3.000.000 de personas y unas cuatro cabezas de ganado por habitante, multipliquemos por todo el planeta. Y me pregunto, ¿tiene la gente claro que el agujero de la capa de ozono tiene su cuña en el rumiar de soja y maíz transgénico de miles de millones de animales hacinados? ¿Acaso no se sabe que el metano que ello genera y sube hasta la estratosfera, sobrepasan mucho en contaminación al combustible quemado por la automoción? Por supuesto que hay conocimiento de tal agravio, sin embargo se omite, no interesa.
Hablemos de industrialización. La industria farmacéutica y la agroalimentaria son las responsables de tal abuso, pero somos nosotros los responsables del conocimiento de la verdad y de individualmente tener conciencia y actuar en consecuencia.
Para generar un kilo de carne se ha calculado que se gasta 90 veces más agua que para un kilo de tomates, puede parecer ridículo pero es cierto. El gasto de combustibles para tales procesos se multiplica. Para alimentar una vaca de 600 kilos hace falta entre 60 y 75 kilos de comida al día más correspondientes antibióticos . Imaginemos esa cantidad diaria en la vida de una vaca y cuanto de ese alimento podría estar destinado a alimentar a los necesitados del mundo. Digo yo, si el cereal y el agua que utiliza este animal se lo diéramos a una familia necesitada, ¿no se erradicaría el hambre en el mundo en poco tiempo?. Pero voy más allá, se calcula que una cuarta parte de los alimentos de cada familia van a la basura, ¿acaso no sería también suficiente para erradicar el hambre en nuestra propia sociedad occidental?

A esto añado el dato de que en las últimas décadas el consumo de carne se multiplicó por tres, y no es que este escrito sea un ataque al consumo de carne, es sencillamente una reflexión para que la sostenibilidad de nuestro planeta tenga su lugar, que continúe teñido de azul y verde, y no se haga gris.  Además, os invito a que individualmente busquéis información sobre los procesos alimentarios, saber que comemos y que les damos a nuestros pequeños.





Sirva esto de ejemplo, ya que de forma parecida sucede en nuestro mundo con frutas, verduras o pescados de piscifactoría; suceden con animales enjaulados para ropa, abrigos, zapatos o bolsos. Para la búsqueda en las minas de diamantes o los sencillos tintes de las ropas.

¿Qué tercer mundo consentimos desde el llamado primer mundo, construido con nuestra desidia? Aquí comienza la educación, no solo en La Inteligencia Emocional, en la PNL, en las nueve inteligencias y en el cambio educativo. Comienza por ser padres responsables y conscientes de la realidad y la verdad del mundo que estamos construyendo para los que vienen. También esta es la verdad, y la crianza de nuestros hijos ha de ir en ese sentido. Para esto las escuelas de padres han de convertirse primero en escuelas de adultos para tener y ofrecer a nuestros hijos ejemplo. Ejemplo de honestidad, de valores, donde priorice la bondad y el compartir, primero con el amigo, el vecino y el primo, para después con el resto. Así ganaremos la batalla al egoísmo del que nos quejamos, pero que alimentamos a cada momento. De todas estas piezas depende la sostenibilidad de miles de millones de personitas capaces de vivir en armonía.


De nuestras generaciones y ser conscientes depende que las venideras sepan enfrentarse a los cambios para modelar a bien lo que vamos destruyendo y construyendo.

Carlos Carrión
Coach personal y de la salud.

www.escueladeinteligencia.com

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