De amor propio
Libertad en presencia es amarse a uno mismo, a cada momento y durante el día con las pequeñas cosas que vamos eligiendo. Si tomo un refresco o tomo té, si me como una napolitana de crema o una tostada con aceite y tomate, si voy caminando o en coche, si digo hola o doy un abrazo. Al final del día todas estas pequeñas cuestiones conforman mi ESTAR EN MI para después hacer de mi lo que quiero hacer.
¿QUE TIENE ESTO QUE VER CON MI ESTADO INTERIOR?
Todo…tenemos libertad de elección. La elección está en lo grande y lo pequeño. Si elijo el zumo seguro que es más saludable que un café, si elijo no fumar seguro que es mejor que si lo hago, si elijo la tostada de centeno en vez de la napolitana seguro que también es mejor. Si Elijo decir sí a malas condiciones laborables también es mi elección. Si decido decir buenos días CON UNA SONRISA seguro que es mejor que a voz baja, también si soy comedidamente permisivo conmigo permitiéndome licencias e imperfección, seré más feliz ya que esto forma parte de lo perfecto. Si elijo ser consciente de todas estas pequeñas y grandes cosas, sin obsesión, estoy haciendo de mi vida “lo que quiero” desde lo sencillo, porque es lo que al final me suma.
Estar haciendo con mi vida lo que no quiero hacer con mi vida, riega la PESADUMBRE y limita la libertad del SER, me explico… Si lo que quiero hacer lo llevo al hacer, sé que es bueno para mí, si hago lo contrario dejo de amarme y de esto trata en realidad el amor propio. He de permitirme no hacer las cosas que no quiero hacer. No puedo permitirme por pereza o falta de comodidad dejar de hacer lo que quiero hacer, sin dar poder a los demás, sin que tengan poder sobre mí. Si doy el poder a los terceros, a menudo ira en contra de mi esencia viviendo la experiencia de una manera no grata.
En la vida continuamente vamos haciendo cosas contra natura. En contra de mi propia naturaleza simplemente porque el día a día y el orden social me quieren marcar el camino de un supuesto bien o mal. Es muy importante saber diferenciar entre lo que quiero y lo que hago, muchas veces lo que hago atiende a lo inmediato y dejo de lado lo que quiero, buscando una “recompensa inmediata” que sin embargo… no atiende a mi querer.
Yo quiero por ejemplo tener un aspecto saludable y estar ágil, bien…! pero,
¿DE QUE DEPENDE ESTO?
Depende de hacer gimnasia, de caminar media hora cada día, de no desplazarme tanto del automóvil, de comer saludable; no comer grasas saturadas y azucares simples… cada cual sabe que tiene que hacer.
¿SI LO SABEMOS, POR QUÉ NO LO HACEMOS?
Tomemos como ejemplo el tabaco. 50% de la gente que fuma no quiere fumar, ¿verdad? quizá más. Sabiendo que podría utilizar ese dinero por ejemplo para un plan de pensiones, o para formarme en ese trabajo que quiero en vez del que se tiene, se sabe…pero no se hace ¿cuánta gente está gastando 100/150€ al mes en tabaco u otras cosas que no suman…? Sin embargo hay queja y se necesitan esos €100 que le vendría muy bien para otras cosas o simplemente no llegar apretado a fin de mes? Cada cuál…su respuesta, no hay mucho más.
¿Cuánta gente sabe algo tan simple como que ha de tomar agua y no la toma?, llamemos agua a cualquier cosa que calma nuestra sed y alimenta nuestra Paz.
Vayamos más allá… por ejemplo, sabemos del poder de los abrazos, las sonrisas, los besos…, sin embargo apenas hacemos uso de tal gran medicina. Eso sí, todo el mundo sabe de todo, lo sabemos casi todo en realidad… Ciertamente esto no es incorrecto, sí que lo sabemos. Sin embargo este saber es para nosotros, hagámonos caso, solo cuando me tengo y solo entonces puedo ofrecer y regalar-me. Se nos olvida lo más importante “el hacer“. Esto sin hablar de quienes se permiten el lujo de decir a los demás lo que tienen que hacer, pero… ¿lo hacemos nosotros mismos?, ¿A caso somos ejemplo?, ¿nos creemos mejores que el vecino?, ¿acaso estamos en los zapatos de los demás? o ¿es la pereza y la comodidad la que tiene en realidad las riendas de una buena parte de nuestra vida? ¿No será que nos vemos reflejados en el hacer de los demás? No solo eso sino que pretendemos dar ejemplo con palabras y no con los hechos.
Siempre ese querer requiere un trabajo diario, tenemos costumbre de responder y querer respuestas sobre cualquier cuestión con celeridad, mas el entendimiento no viene con respuestas de terceros. El buen entendimiento, el de nosotros mismos es el que necesitamos para estar “a bien” interiormente, solo entonces podremos estarlo con los demás. A las grandes respuestas se llega con las buenas preguntas, sin prisa, experimentando e integrando. Sobre una cuestión siempre hay un gran abanico de posibilidades, si la elegida atenta con nuestro sentir, la pesadumbre, el dolor, los miedos están servidos, aunque otros se beneficien resta a nuestra Libertad en esencia. En ocasiones hacemos cosas que atentan con nuestra realidad y sentir, e incluso con lo que el corazón nos dicta. En ocasiones hacemos cosas en contra de nuestros principios y valores, esto no tiene sentido. La vida cambia y evoluciona al igual que nosotros mismos, las circunstancias pueden cambiar porque la vida es continuo cambio. El miedo al cambio y mantenernos en la pequeña gran zona de confort siempre nos resta del SER.
La honestidad es siempre atender a estas cuestiones, nuestros valores mezclados con el dictado del corazón. Desde una perspectiva de “ganar ganar” donde nadie pierda. Hemos de hacer lo que queremos hacer, esto nos empodera y atiende a la naturaleza de nuestra verdadera esencia. Es en realidad demostrarnos que dependemos de nosotros e integrarlo en nuestro día a día, esto es la ansiada y preciada Felicidad.
Es interesante para vivir tranquilos el poder tener más tiempo de… “estar tranquilo”, de… “estar conmigo”, de… “hacer nada”.
Estos días son buenos momentos para tomar conciencia de la alegría del vivir, de hacer una pausa introspectiva para sentir agradecimiento. Con este amor propio darnos los mensajes que solemos regalar, pero recordemos que primero a nosotros mismos y después a los demás, para desde el corazón sentir a los otros verdaderamente como parte de nosotros mismos.
Tener y tenernos para poder ofrecernos
Carlos Carrión Cirbian
